QUIENES BIEN LE CONOCÍAN DECÍAN DE ÉL:

  • Alma sencilla de niño. Noble y bondadoso de ánimo, de una caridad inagotable y trato exquisito, sencillo, delicado de espíritu.
  • Fiel cumplidor del deber, recto y justo en su actuar, austero y trabajador incansable, con una energía que nunca supo del cansancio.
  • Constante, enérgico, tenaz. Se abrió paso contra todas las corrientes que se le oponían.
  • Respetado y querido por sus compañeros de sacerdocio y por todos los que le trataron.
  • Enamorado defensor de los derechos de Jesucristo, incansable operario de la salvación de las almas. Hombre de un solo ideal: el Reinado de Jesucristo sobre la tierra, que fue el móvil de sus energías, el norte de sus acciones, el campo de sus talentos y el anhelo de su alma.
  • Activo propagandista de la Verdad. Con una fe viva.
  • Apóstol incansable, sirvió a Dios con celo infatigable hasta el último instante de su vida.

 CÓMO ERA LA ESPAÑA EN LA QUE VIVIÓ





  • Época de grandes cambios políticos, sociales y religiosos. Revoluciones, enfrentamientos políticos y económicos, que llevaron consigo pobreza, lucha de clases, analfabetismo, y explotación laboral de la mujer. Todo esto dejó huella profunda en las estructuras personales, familiares y sociales de la sociedad española.
  • La Iglesia vivió momentos de profunda crisis, motivada en parte por el fuerte laicismo, la descristianización de las costumbres, el decaimiento de una parte del clero, la pérdida de bienes eclesiásticos y la clusura de algunas instituciones benéfico- educativas.
  • Pero al mismo tiempo se puede decir que fue un siglo de esperanza; surge en la Iglesia un nuevo amanecer de la fe y defensa de la vida cristiana. Un grupo importante de sacerdotes y religiosos hacen sentir aires de reforma espiritual, luchando por un cristianismo más auténtico y una fe más profunda, valiéndose de: La propaganda, la prensa y los libros. El asociacionismo cristiano. La evangelización a través del servicio educativo de la infancia y de forma muy particular de la mujer.
  • El Padre Gras perteneció a este grupo de sacerdotes. Ordenado el 20 de marzo de 1858, convencido de que Jesucristo, Rey de los siglos, es el único con quien deben conformarse los individuos y la sociedad para alcanzar su plenitud, se comprometió con todas sus fuerzas a trabajar por hacerle reinar en el corazón de todos los hombres y en todas las estructuras sociales.